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Aunque parezca increíble, Er Conde del Guácharo es el resultado de la labor académica de Benjamín Rausseo: fue el monólogo que presentó para culminar sus estudios de Arte Dramático. Corría el año 1985.
El profesor de Rausseo, Levy Russell, fue quien sugirió la idea de explotar un personaje de las características del Conde: su sombrero de cogollo, sus alpargatas y su acento oriental. En principio, se llamó El Conde de Guarapiche, y luego pasó a ser el Conde del Guácharo , en honor a la mundialmente famosa "Cueva del Guácharo" monaguense.
El personaje fue adquiriendo con el tiempo más "títulos nobiliarios": hoy lo conocemos como Policarpio Primero, Monarca de Musipán. Alrededor del pueblo natal de Benjamín se desarrollará una temática recurrente en su vida: desde la Filarmónica de Musipán, la banda que le acompaña en sus presentaciones, hasta el parque temático que creó en Margarita, un Reino lleno de curiosidades y excentricidades que sorprenden y maravillan a propios y extraños. Tanto el café Planet Guacharo's, como la Torre Inclinada de Arepas son partes fundamentales de un recorrido fantástico a través de la venezolanidad, planificado hasta el más mínimo detalle por la fértil imaginación de Benjamín Rausseo.

Er Conde del Guácharo, con su lenguaje procaz y su invariable saludo "Buenas noches, ¡cuerda de jodedores!", ha logrado conquistar a legiones de noctámbulos que acuden a presenciar su show por las tascas, locales, discotecas y botiquines de la Nación, y a miles de personas que han escuchado al menos uno, de los ya veintiún discos que ha producido en su dilatada carrera artística.
Er Conde es una sátira caricaturesca del venezolano sinvergüenza y pendenciero, típicamente infiel, que en edad madura sale con "carajitas", y asume sin pudor que "es feo, pero se viste depinga". Explota la risa del público con mordaces historias de sus dos hermanas (una de ellas, "vaso de agua", no se le niega a nadie; la otra, "Federal Express", se entrega el mismo día), y de sus incontrolables hijos adolescentes, para culminar con una exaltación de los valores familiares: "a los hijos hay que decirles siempre que uno los quiere mucho; díganles todos los días 'te quiero, hijo'".
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